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Discusiones

Reconciliarse con la moda luego de pandemia: ¿Qué debería cambiar y qué no?

Desde que comenzó la cuarentena en marzo del año pasado, he tenido la suerte de poder trabajar desde casa. En el proceso, olvidé qué significaba tener que vestirme con prendas que no fueran joggers con pretinas elásticas, poleras gigantes, polos manchados de lejía y zapatillas. Sin embargo, hace poco volví a la oficina y tuve que desempolvar blusas, pantalones, aretes, y el hábito de elegir qué ponerme para ajustarme a los códigos de vestimenta de mi trabajo. Sin duda, mi relación con la moda luego de pandemia cambió completamente.

Vestirse para encajar, aunque duela

El sólo hecho de tener varias opciones para vestirse día a día es un privilegio inmenso. Por lo tanto, el hablar de la vestimenta como un medio de expresión de cierta forma también lo es.

En tiempos de pre-covid, la moda podía llegar a ser una herramienta para comunicar gustos, identidades, aficiones y hasta estados de ánimo. Podía ser un código que nos ayude a “pertenecer” a ciertos grupos, o podía ser una respuesta contestataria al querer pertenecer. Las prendas, entonces, eran elegidas muchas veces más por su capacidad para adaptarse a un estilo o a una moda determinada que por su comodidad o funcionalidad.

Zapatos que duelen al caminar, sostenes que aprietan o pican, pretinas que se vuelven insoportables si comes un poquito, y algunas -o muchas- cosas más que aguantábamos a cambio de vernos de cierta forma: Todas perdieron algo de sentido cuando nos acostumbramos a vivir en cuarentena. De alguna manera, no importó si eras gen z, millenial (ayuda, ¿alguien sabe si los pitillos aún se usan?) o boomer, muchxs dejamos de priorizar la estética y el mensaje de nuestra ropa y pasamos a valorar lo que pudiera contenernos mientras el mundo parecía acabarse.

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Después de caminar todo el día con esos zapatos lindos que dolían.

Si bien nuestra forma de ver la moda luego de pandemia ha cambiado (al menos un poquito), el hecho de retomar poco a poco las rutinas y espacios que habíamos dejado atrás puede ser una buena oportunidad para replantear aquellas cosas que podríamos cambiar para bien.

Comodidad o nada

El priorizar la comodidad, por ejemplo, podría trasladarse a la cotidianidad del vestir para trabajar o para socializar. Llevamos mucho tiempo creyendo que la ropa para trabajar debe ser de una única forma, y que sólo si vestimos así, podremos encajar mejor. “Como te ven, te tratan” debe ser una de las frases más horribles que alguna vez tuvieron credibilidad y que tiene mucho que ver con esto.

Estoy segura de que muchxs se la han pasado trabajando en pijama y sus conocimientos no fueron puestos en duda por nadie durante la era del home office. Y, bueno, tampoco digo que todos deberíamos volver a las oficinas en buzo, sino que literalmente podríamos vestir como sea e igual hacer la chamba para la que fuimos contratados sin problema alguno. Jefxs, reconsideren esto: La moda luego de pandemia puede ser más que el business casual.

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Agosto, 2020.

Menos es más

Por otro lado, nuestro consumismo también podría (y debería) ser un tema de reflexión. Hace poco, tuve que rescatar ropa que tenía guardada para separar qué cosas servían y qué no, y mientras lo hacía encontré varias prendas que compré y usé una sola vez (o incluso nunca), y en vez de donarlas, venderlas o reciclarlas, las dejé olvidadas al fondo del clóset.

Esto de reorganizar la ropa que tenía para retomar la vida fuera de casa, me hizo pensar que tal vez no debería comprar “tanto”. Las tendencias son tan efímeras que tengo cosas que no tienen ni 3 años y están en perfecto estado, pero que ya pasaron de onda hace rato.

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Amigx, no.

Creo que, quienes tenemos el privilegio de poder comprar ropa, zapatos, o accesorios periódicamente e incluso cambiarlos si pasaron de moda, nunca o casi nunca, nos hemos planteado que tal vez sería mejor dejar de comprar en cada cyber que pasa, y, por lo contrario, armar un clóset atemporal y que dure lo suficiente como para evitar comprar lo que no necesitamos cada dos por tres.

Guardar “para el futuro”

Después de haber pasado casi dos años trabajando en casa, perdí ciertas rutinas que me ayudaban a aplacar las ansiedades y preocupaciones del día a día. Mi cuerpo cambió un poco y subí algunos kilos. Y todo bien con eso, excepto que al sacar todo mi clóset pre-covid del olvido, me di con la sorpresa de que casi nada me quedaba.

Y no voy a mentir, como a todxs, el patriarcado, los medios, y mil factores más, me han hecho creer que está mal subir de peso. Que debería sentirme culpable por ello y que debería proponerme volver a ser talla 28 ASAP. Podría también guardar absolutamente todo lo que no me queda cerca de mi vista, para recordar que debo “volver a entrar”. Prometer que usaré todo eso e incluso aquello que jamás me atreví a vestir incluso sintiéndome “más flaca” en algún futuro perfecto e imposible.

Pero honestamente, estoy un poco harta de sentirme así. He separado sólo lo que me queda porque, en fin, ¿por qué un pedazo de tela tiene tanto poder para hacerme sentir mal e incluso obligarme a adaptarme a él, cuando podría comprarme (nuevo, usado, de marca, en Gamarra, o como sea) un pantalón de mi nueva talla y LISTO?

La forma de ver la moda luego de pandemia realmente puede ser replanteada de mil maneras diferentes. Como sociedad, hemos pasado tiempos horribles (en mayor o menor medida), y quienes tenemos la suerte de seguir aquí, gozando el privilegio de preocuparnos por lo que nos vamos a poner, deberíamos tal vez, tratar de dejar de ver todo con ojos pre-covid y darnos la oportunidad de cambiar un poquito.

Es decir, el océano se incendió hace poco, ¡la crisis ambiental es real! ¿por qué compramos tanto?

Por otro lado, ¿no recuerdan cuando muchxs aplaudían desde sus ventanas a los trabajadores de primera línea? Se supone que “íbamos a valorar más el trabajo de todxs”, sin embargo, aquí andamos, comprando ropa de S/19.90 en el fast fashion cada vez que hay cierrapuertas. Y aquí también estamos quienes odiamos los cambios en nuestros cuerpxs, a pesar de que nos ayudaron a sobrevivir nuestra primera pandemia.

¿Por qué seremos así?


Portada por Lorena Naveda

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