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Discusiones

Los retos al lanzar un emprendimiento de moda: ¿Ser responsables o vender “barato”?

Para quienes siempre hemos anhelado el hacernos un espacio en el mundo de la moda, el sueño de la marca propia siempre ha estado presente en muchxs de nosotrxs. Hoy por hoy, podría atreverme a afirmar que la pandemia ha sido el punto de inflexión para que muchísimas personas se animen a materializar este tipo de proyectos. Sin embargo, no dudo de que seamos pocxs quienes hayamos tenido que enfrentarnos a muchísimos retos al lanzar un emprendimiento de moda, y, de alguna forma, darnos cuenta de que había poco para romantizar y muchísimo por trabajar.

El sueño de la marca propia

Nunca me voy a cansar de repetir que la moda está demasiado idealizada. Es decir, la narrativa que nos venden acerca de cualquier cosa que tenga que ver con ella tiene mil filtros de belleza encima. El sueño de la marca propia no es la excepción. De hecho, no imagino a nadie soñar desde niñx con una marca propia de (inserte cualquier cosa aquí que no sea moda), de la manera en la que quienes amamos la moda, lo hacemos con el tener una marca a la medida de nuestros estilos, anhelos e ideales.

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Descripción gráfica de lo que imaginábamos al pensar: “algún día quiero tener mi marca”.

En mi experiencia, aquella infinidad de sueños, creencias, objetivos, e incluso, algunos principios y convicciones (lamentablemente) de quienes empiezan a emprender en moda, se verán un poquito desmoronadas en el camino. No en vano se hablaba, de acuerdo a El País, de una crisis textil en el Perú incluso antes de la pandemia y, según Martin Reaño, de una caída del 30% en ventas a nivel global en el sector de moda al terminar el año 2020. De una u otra forma, el sueño de la marca propia y la crisis en el sector textil de nuestro país, eventualmente se encontrarán en el camino.

El mito del emprendedor

Por otro lado, la idealización del emprendimiento como alternativa a un trabajo estable para sostenerse (inmediatamente) es un cuentazo. “Quiero ser mi propio jefe”, “no quiero un horario de 8 am a 6 pm” o “sólo así ganaré más que en un trabajo de oficina” son algunas de las frases que alguna vez nos alentaron a interiorizar mucho más el anhelo de emprender.

Personalmente, no tengo experiencia en algún otro rubro que no sea el textil, pero, sin duda el emprender en moda en el Perú es un baldazo de agua fría para despertar y darse cuenta de que ninguna de estas frases está cerca a la realidad. La industria textil a menor escala implica invertir trabajo, tiempo y dinero durante un buen tiempo para poder ver a tu proyecto caminar “sólo”.  Así, los retos al lanzar un emprendimiento parecen infinitos.

Para ser honesta, es increíblemente difícil comenzar un proyecto pequeño y que este sea rentable rápidamente, o al menos lo suficientemente beneficioso como para darnos estabilidad laboral y económica. Este objetivo, en términos de tiempo (no olviden que estoy hablando de emprendimientos pequeños, no de marcas con una fuerte inversión desde el comienzo) puede tomar años. Años de trabajo que no se van a limitar a 8 horas laborales diarias, sino que a 25 horas al día. Pegarla de diseñadorx, chofer, cortador, costurerx, courier, gerente, community manager y mil tareas más, es muy complicado.

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“Haré plata al toque”. Nop.

La escala importa

En moda, la escala es un factor crucial. Y, para unx emprendedorx que empiece en pequeño (¡de verdad pequeño, no vale creer que “pequeño” significa $5k!), cada detalle hace la diferencia. En el mundo real, todos los emprendimientos de moda compiten con marcas que producen en grandes cantidades, y no sólo eso, sino que, además, se dirigen a un público que usa como referencia los precios de estas marcas.

Es decir, mientras estas empresas dividen costos entre mil prendas, lxs emprendedorxs pequeños las dividiremos entre 15. Cortar, coser y estampar mil prendas, en términos de dinero, jamás será comparable con hacer lo mismo en una mini producción.

Tomemos en cuenta todos los pasos que hay que dar para llevar un producto a la venta: diseñar, muestrear, cortar, coser, teñir, estampar, revisar y vender. Cada paso tiene una larga lista de costos fijos y gastos involucrados que, en el caso de los emprendimientos pequeños, muchas veces debe ser absorbido como sea por quienes quieran sacar adelante sus proyectos para llegar a competir con las marcas más grandes. Por ejemplo, cuando yo comencé mi marca, mi socia y yo nos encargábamos de absolutamente todo lo que podíamos para ahorrarnos los centavos o soles que luego harían la diferencia al comparar nuestras prendas con las de una marca grande.

Cortábamos todo a mano en el piso de mi casa, hacíamos los moldes nosotras mismas y corríamos por todo Lima para evitar tercerizar gran parte del trabajo manual. Estoy segura de que muchas personas que han emprendido en moda habrán vivido algo muy parecido. Cada día, los retos al lanzar un emprendimiento de moda crecen, y es más difícil hacerse un espacio y, sobre todo, vivir de ello.

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Todo por ahorrar costos.

¿Dónde vender?

Ok. Ahora que ya hablamos de todo lo que implica hacer producciones en una escala pequeña, pasaremos a hablar de dónde vender. Muchos usamos Facebook o Instagram, vamos a ferias o showrooms, abrimos tiendas, stands o páginas de e-commerce para poder mostrar nuestros productos al mundo. Pero ¿qué tan sencillo es?

Considero que unos de los retos al lanzar un emprendimiento de moda más grande es elegir acertadamente dónde vender tus prendas. Personalmente, me tomó mucho tiempo probar todas las formas posibles (y creo que aún no encuentro la adecuada).

Pero en ese camino, creo que adquirí la experiencia suficiente como para contar uno de los grandes retos al lanzar un emprendimiento de moda: el elegir (y chantarle) a un espacio adecuado.

Espacios físicos

Ingresar a un showroom no es fácil. Para comenzar, hay que ser formal. Y sí, suena un poco obvio, pero les sorprendería saber cuántas microempresas informales existen en el rubro, pues no es nada barato ni sencillo. Mucho menos cuando hay que competir con marcas enormes que venden polos a S/10 con todos los medios de pago -gracias, fast fashion-.

Muchos showrooms o boutiques que reciben marcas independientes cobran alquileres y/o comisiones de venta por cada prenda, calzado o accesorio, los que deben de ser tomados en cuenta al pensar el precio de venta al cliente. ¡Imaginen el impacto en los costos! Si ya habíamos hablado de que producir en menor escala ya significaba tener un precio más alto, consideren que esto suma mucho más.

Por otro lado, la afluencia de gente a espacios con marcas pequeñas jamás será comparable a la de algún centro comercial. Por lo tanto, hay que vender mucho y más “caro”, para poder ser sostenible. De igual manera, tampoco es tan sencillo acceder a estas plataformas. Siempre hay que conocer al alguien o que tu marca tenga algún colchón de dinero para sobrevivir incluso en los tiempos en los que no hay ventas. Por que sí, en el mundo de los emprendedores, a veces no se vende nada de nada. A veces incluso, se pierde dinero.

Ay, pero vende por internet, ¡es gratis!

Antes (2010, tal vez) era más sencillo generar interacciones y por ende, ventas en Internet. Sin embargo, en pleno 2021, año en el que todos nos pasamos un poco más a la virtualidad, es bastante difícil generar contenido e interacciones en Instagram o Facebook. El algoritmo no ayuda ni ayudará jamás a las marcas pequeñas. Hay incluso que invertir en publicidad y ni hablar del tiempo y recursos para generar contenido. No subir stories, posts, o interactuar durante un tiempo puede costarle muy caro a la visibilidad de las cuentas de marcas pequeñas.

Dilemas éticos

Finalmente, considero que muchxs de los que emprendemos en moda sentimos en algún momento que alguna de nuestras motivaciones era “hacerlo mejor”. Para quienes creemos importante el desligar a la moda de la frialdad de su mensaje y de lo negativo de su impacto social y ambiental, el emprender también podría significar una oportunidad para “hacer las cosas bien”.

Sin embargo, en la vida práctica, el sobrevivir como marca al lado de las grandes empresas que ya tienen resueltos los temas de costos (por sus inmensos volúmenes), y de espacios, por sus ubicaciones estratégicas en centros comerciales, calles concurridas y páginas web con miles de visitas por sus precios bajos y descuentos constantes (a expensas de su impacto en la vida de sus trabajadores y del medio ambiente), es casi imposible.

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Las grandes marcas logrando sus objetivos.

Hasta ahora, no encuentro la manera en la que se pueda aspirar al “comercio justo” y al mismo tiempo, no vender productos carísimos e inalcanzables para la mayoría. Mucho menos mientras sigamos creyendo que pagar S/10 por un polo está bien.

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Entonces, ¿qué hacer?

Estoy segura de que para quienes no han intentado emprender en moda, todo esto puede leerse bastante pesimista. ¿Tal vez hay que diseñar más bonito, y así diferenciarnos de otras marcas? O quizá, ¿hay que meterle más empeño, tiempo y creatividad?

De repente, si se quiere ser 100% responsable, ¿una de las respuestas sea vender ropa de segunda mano? ¿Aspirar a un mundo en el que todos dejamos de seguir las tendencias frívolas de la moda rápida?

O tal vez, ¿exigirle al gobierno medidas de protección a la industria nacional?, ¿facilidades para quienes emprendan en términos de financiamiento e impuestos?, ¿más espacios feriales para acercar los comercios pequeños a la gente?

No tengo ninguna respuesta. Como emprendedora todo me parece bastante difícil si las reglas de juego no se cambian. Mientras seguimos con la lluvia de ideas, los retos al lanzar un emprendimiento de moda se hacen cada vez más y más difíciles.


Portada por Lorena Naveda

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