Discusiones

Acoso callejero: defendiendo mi estilo

Es que es por tu cuerpo, tienes un trasero grande y una cintura delgada, así como van aguantarse los hombres de decirte cosas cuando te ven en la calle, es entendible que sufras acoso callejero“.

“Es tu culpa por vestirte de manera tan provocadora. Si usaras menos faldas y ropa no tan ceñida no te expondrías tanto a que te digan cosas así“.

Estas son unas de las últimas explicaciones que me fueron dadas cuando comenté a conocidos que este mes estaría haciendo un artículo contando mi vivencia experimentando acoso callejero. 

Mi nombre es Luciana Gutierrez y soy estudiante peruana de dirección de arte y fashion styling en Italia. En mis 17 años aprendí erróneamente un par de cosas al respecto de cómo era la manera correcta de vestir para ‘no ser acosada’. No obstante, tras haber migrado a Italia por la universidad, finalmente he desaprendido estas enseñanzas y puedo vestir hoy en día como deseo y me apasiona.

“La silueta de mi cuerpo y mi estilo de vestir no tienen que ser factores que delimiten cuánto respeto merezco recibir”

Esta es una cita que me recuerdo constantemente a la hora de vestir. Es una cita que me ha ayudado a quererme a mí misma, así como a abrazar mi estilo y esencia personal.

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Al crecer en una familia conservadora así como en un país que es considerado peligroso para las mujeres, desde niña siempre me enseñaron que debía de utilizar la ropa como forma de protección. Mis padres, quienes con las mejores intenciones intentaban protegerme, me enseñaban que mis prendas nunca debían ser lo suficientemente cortas como para verme en la posición de ser acosada por miradas ajenas en la calle.

acoso callejero
Cuando empece la etapa de la adolescencia utilizaba la ropa mas grande que encontraba para poder cubrir mi cuerpo. Fotografía propia

Pero esto también me enseñó que debía de estar avergonzada de mi cuerpo y, por mucho, tiempo lo estuve. Utilizaba la ropa más oversize que podía encontrar y siempre de negro, cubriéndome incluso el rostro al máximo posible con gorras o chalinas. 

Además, por mucho tiempo compraba prendas que adoraba y simplemente las tenia guardadas en mi clóset, esperando algún día utilizarlas. Algunas de estas prendas eran corsets, mini faldas, vestidos escotados y sacos entallados.

Un primer paso para comenzar a abrazar tu vestir e ignorar miradas de mal gusto

Llegó un punto donde me di cuenta que tenía que empezar a utilizar estas prendas y fue cuando tomé la decisión de deshacerme de todas las prendas que yo consideraba que se encontraban dentro de mi ‘zona de comfort’.

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Poco a poco, comencé a utilizar más prendas sexys y vintage (el estilo que me apasiona y que hoy en día utilizo). No obstante, aún encontraba que mis verdaderos outfits seguían escondiéndose detrás de sacos grandes, todo para evitar miradas juzgonas y de mal gusto.

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Sin el apoyo de mi circulo de amigos no podría haber empezado a abrazar mi estilo de la manera que lo hago hoy. Fotografía propia

Algo muy importante en el camino fue el circulo de amigos que comencé a formar en aquel momento, ya que ellos me ayudaron a persistir y combatir mis inseguridades en los primeros momentos de este proceso.

Había dado el primer paso y estaba orgullosa de ello.

Mi mudanza a Florencia, Italia: ¿un nuevo mundo?

Un detonante muy grande que me ayudó a cruzar la línea y dejar de temer a expresarme en mi vestir fue el mudarme a Italia para asistir a la universidad.

Al observar el vestir de mis compañeros me di cuenta de algo muy importante y es que si no estás comunicando tus gustos y personalidad al vestir, ¿cuándo será el momento? La vida es muy corta para utilizar la ropa como una forma de prisión que te lleva a esconder verdaderamente quién eres.

Sin embargo, a pesar de estar muy agradecida con las personas italianas por, indirectamente, ayudarme a romper mi caja de pandora, lamentablemente también puedo decir que la cantidad de veces que experimenté acoso callejero incrementó.

“Vas a ver que cuando te mudes a Italia los hombres van a ser mas respetuosos“. Mentira total.

Desde ser perseguida por un hombre en silla de ruedas gritándome cochinadas, a ser interceptada por un carro lleno de chicos, a ser levantada como si yo fuera un objeto por un extraño al estilo King Kong.

Al igual que Perú, Italia es un país sumamente machista, donde las actitudes de masculinidad tóxica abundan, y una de ellas es el coqueteo callejero.

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Al mudarme a Italia experimente mucho muchísimo más acoso por utilizar mini faldas que en toda mi vida. Luciana Gutierrez.

Existen muchas maneras de darle un cumplido a una persona y yo, personalmente, adoro darlos y recibirlos, pero cuando el cumplido se convierte en acoso definitivamente ya no son bienvenidos.

A pesar de ello, algo que hasta el día de hoy me mantiene perseverante en mantener mi estilo a la hora de vestir, es lo mucho que estoy enamorada de este.

Entonces, ¿cómo defendí mi estilo ante los acosadores?

Al igual que cuando aun vivía en Perú, muchas veces me mantengo callada cuando enfrento acoso callejero. Desde el punto de vista de ‘víctima’ nunca podrás saber con exactitud de qué manera reaccionará el acosador ante una respuesta de parte tuya, por lo que a veces ignorar siempre resulta ser más seguro.

No obstante, luego de haber experimentado años escondiéndome, finalmente he llegado a aprender a querer mi propia esencia y hoy en día nunca agacho la cabeza al pasar frente a un grupo de acosadores. Algunos días cuando me siento especialmente de buen humor hasta les respondo (lo cual puede llegar a ser peligroso y no recomiendo).

Hubo un caso especifico donde una vez unos hombres que hablaban árabe comenzaron a decirme cosas cuando pasé al lado de ellos. Lo que ellos no se esperaban era que yo sí entendí lo que me dijeron y les respondí en árabe, con un par de palabras que yo conocía. La reacción de ellos fue cómica, se quedaron con una cara de sorprendidos, se dieron una vuelta y se fueron.

Aprender a ignorar comentarios obscenos no fue fácil. Fue un proceso que tomó tiempo, pero definitivamente valió la pena.


Portada por Lorena Naveda

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